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Capilla Huerta de Santa María.

Paseando entre los bosques de la Sierra de Aracena podemos encontrar un gran número de construcciones abandonadas, con un alto grado de deterioro. Algunas de ellas fueron casas de labor o casas de guarda. Otras fueron molinos, cercanos al curso de algún caudaloso río.
En este panorama de pequeños restos de lo que en tiempo fue un magnífico sistema de aprovechamiento del medio, podemos encontrar también algunas huellas más recientes, realizadas en época contemporánea. Son construcciones de un corte exclusivamente funcional como el depósito de regulación de aguas situado en el curso del Barranco de Fuenteheridos que permite controlar el abastecimiento de algunas de las poblaciones cercanas.
Estas marcas modernas, a diferencia de sus predecesoras, son tan sólo cicatrices sobre el terreno, ya que no construyen sistema alguno, aparte de la satisfacción inmediata de sus necesidades primarias.
Tomando ejemplo de aquello que fue, colocar una habitación sobre este depósito de hormigón podría mitigar en parte el daño de esta cicatriz. Una habitación de refugio, un espacio protegido y a cubierto en mitad del bosque. Para reflexionar sobre como podría ser habitar en ese mundo antiguo, equilibrado y partícipe con el medio, integrado con él; tan alejado de las acomodadas ciudades actuales.
Una capilla para reencontrar nuestro espíritu en el bosque, utilizada para actividades de relajación y disfrute de la naturaleza, o tan sólo para hacer un alto en el camino y considerar que pasará con todo aquello que fue, qué pasará con la memoria de nuestros modos de vida primigenios. Su pérdida sería irreparable.

Construida con elementos ligeros prefabricados, la capilla aprovecha como base de apoyo la cubierta de hormigón armado del depósito de regulación de aguas.
Los dos hastiales laterales rememoran la arquitectura popular de tejados a dos aguas. Pero alejándose de una transposición directa, se duplican para permitir una mayor riqueza espacial en el interior, resuelta mediante una potente estructura en forma de cruz, que da el apoyo necesario a los techos para poder elevarse y buscar la cambiante luz del bosque.
Una pequeña puerta de entrada y una gran ventana para contemplar la vegetación del curso del río completan la pieza.

Localización: Huerta de Santa María, Galaroza (Huelva). España.

Tipo de proyecto: Investigación

Fecha: 2013

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