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Calda House.

En 1726, Kenneth MacKenzie, segundo de Assynt, encargo la construcción de una nueva casa para su esposa Frances, a la que no satisfacían demasiado las tradicionales comodidades de la residencia familiar del clan, el Castillo de Ardvreck.
Pocos años más tarde, en 1737, debido a los problemas económicos de los MacKenzies, la casa pasaría a manos del Conde de Sutherland, al satisfacer este una de las deudas contraídas por la familia. Sin embargo antes de llegar a ser habitada por los nuevos propietarios, debido a la larga enemistad histórica entre las dos familias, la casa fue saqueada y quemada por seguidores de los MacKenzies, que juraron que ningún Sutherland viviría allí jamás.
Una casa de 300 años de antigüedad que sólo ha sido habitada durante 30 años necesita un tratamiento especial y no una reconstrucción. Las paredes que la sostenían, la protección de sus tejados, incluso la estructura de clanes que la vieron nacer, hace ya mucho tiempo que sucumbieron todos ante tantos conflictos. Lo único que se ha conservado es su vacío interior, que representa el acto de la elección de un lugar y un nombre para albergar un lugar para vivir en el paisaje.
El proyecto pretende hacer lo necesario para poder vivir hoy en ese interior, abrigado por sus muros y su existencia, pero no reconstruir una casa que nunca pudo ser. Tan sólo proteger ese deseo inicial, el de habitar en este lugar duro y maravilloso a partes iguales.

No intervenir sobre la ruina lleva a plantear el proyecto con una visión distinta: contar con el mayor número posible de elementos prefabricados, que puedan ser luego transportados y colocados en su posición definitiva en la casa. Las habitaciones son piezas autoportantes, que pueden instalarse unas encima de otras para formar las distintas plantas, sin necesidad de cimentación, ya que el sólido suelo de las Tierras Altas así lo permite. Todo el interior habitable se resguarda mediante un cierre de vidrio de altas prestaciones que graduará las condiciones térmicas para que los espacios de circulación sean siempre habitables, singulares, pero habitables. Disfrutar del paso de las distintas estaciones, la luz de los páramos, el sol, la nieve, la niebla, la noche, como si estuvieran sobre la propia piel.
Las casas necesitan ser habitadas; necesitan nuestra existencia para no desaparecer. La Calda House necesita cerrar sus heridas y albergar un nuevo interior, que le dé no un nuevo hogar sino un nuevo habitante.

Localización: Loch Assynt, Inchnadamph (Sutherland). Escocia.

Tipo de proyecto: Investigación

Fecha: 2013

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